Mi amiga Licia

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En Diciembre pasado tuve la fortuna de visitar a mi amiga Licia Salvatore y conocer el taller donde realiza su hermosa labor artística y humanitaria. Una tarde fresca de Lechería, Venezuela, con brisa de mar y rumor de oleajes. Como buena descendiente de italianos Licia está llena de palabras y un lenguaje que se complementa con las expresiones de su rostro y el movimiento incesante de sus manos. Siempre me llena de alegría conocer las nuevas obras de los artistas amigos, pero esta vez fue aún más agradable encontrarme con las facetas de arte puro y arte con sentido social, contestatario y crítico contra una barbarie gubernamental inédita. Licia crea sutilezas utilizando maderas y rocas seleccionadas de acuerdo a su colorido, texturas y apropiadas a esta integración simbiótica. Lejos del purismo crítico para quienes talla es talla y esculpir es esculpir, Licia se rebela, integra, en estos elementos conviven la tierra, el aire, el agua intersticial y el aire que las circunda y danza en los espacios abiertos y en las curvaturas. Maneja las formas abstractas en armonía y en una secuencia musical que rememora cauces de ríos, oleajes de mar, a lluvia que vuela en el aire. Ha creado pájaros que reposan en la solidez de sus elementos como a la espera que el vuelo llegue en la imaginación de quien los mira. Pero, Licia en sí misma es rebeldía, es esa palabra crítica, la rabia contenida por los nefastos actos de un régimen dictatorial, los crímenes, los jóvenes muertos, desaparecidos o presos sin justicia, están en esas lágrimas que brotan, y mucho más en las máscaras silenciosas rodeadas de símbolos como caretas antigases, banderas de luto, manos y pies crucificados, rostros vendados y enceguecidos. Mi amiga Licia es una mujer integral, un movimiento creativo que no se detiene en la adversidad y sobre todo un ser humano que siente y se rebela cuando se hace urgencia y necesidad.

William Guaregua
Poeta/Fotógrafo/Ingeniero
Venezuela 2019